Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Comunicadores Charrúas

  • : Marquemos un Norte
  • : Comunicador charrúa . Movimiento Originario, por la Tierra y los Derechos Humanos.
  • Contacto

Perfil

  • Ricardo Silva
  • Profeso la Horizontalidad como nuestros ancestros Charrúas. Activista social desde el corazón.
Tengamos presente que todo ser con aletas, raíces, alas, patas o pies, es un Hermano
  • Profeso la Horizontalidad como nuestros ancestros Charrúas. Activista social desde el corazón. Tengamos presente que todo ser con aletas, raíces, alas, patas o pies, es un Hermano

Escúchanos ONLINE Clic en la Imagen

      877 FM enlace 2

Apoyan

      

      

 

                      banderaartigas

Los-4-Charruas-MunN.jpg

Esta Lucha es de los Originarios

y de Todo Aquel que se Considere un

Defensor de los Derechos Humanos.

Este artículo contiene dos videos

de la Campaña y la Totalidad del

contenido del Convenio 169 de la OIT

sobre pueblos indígenas y tribales.

GRACIAS POR DIFUNDIR Y APOYAR.

Enlace: http://0z.fr/P64LW

0000000 bandera MunN 2

       

CURRENT MOON
    
 

Buscar Artículos: Por País O Tematica

 

      Artículos por Categorías

 

 

Archivos

Marquemos un Norte.

En twitter.com

001 bandera 37 3

Tweet   

 

  Difundiendo

el periodismo alternativo, 

somos mas gente pensando

20 junio 2011 1 20 /06 /junio /2011 14:14

http://www.revistadonjuan.com/contenido/galerias/IMAGEN/IMAGEN-9635509-2.png

Los campesinos colombianos la cultivan y la venden en paquetes artesanales y les dan las semillas a sus gallinas. Este es un viaje al corazón de la principal zona de producción de cannabis en Colombia

 

 

Hace apenas unos meses, los californianos tuvieron un plebiscito para legalizar el consumo de la marihuana, el sí estuvo lejos de ganar, pero el tema es cada vez más recurrente y polémico en los Estados Unidos y en el resto del mundo.

No conocía el olor del cannabis silvestre hasta que una ráfaga de viento me trajo su aroma dulzón mezclado con el de la selva húmeda.  La mata de  marihuana  en esta parte del país es más alta que los palos de café, y su fragancia, más intensa que la de cualquier otra planta.La brisa delata cada uno de los cultivos que hay al lado del camino. Vamos en tres motos, adelante, marcha el guía, un hombre blanco de 25 años, atrás el fotógrafo y en la cola de la caravana voy yo.

Avanzamos a más de 60 kilómetros por hora a través de una trocha fangosa y serpenteante que se extiende desde  El Palo, corregimiento de Caloto en el norte del Cauca, hasta Tacueyó.  Después de media hora de recorrido abandonamos las motos en el alero de la única casa que se encuentra en esa parte del camino y  nos internamos a pie por un lodazal sembrado de platanales, maíz, café y coca.  Los tres caminamos en silencio mientras escuchamos el sonido cada vez más cercano de una quebrada.

-Oigan muchachos -nos dice el guía- alístense que los voy a secuestrar.

El día anterior, cuando aún conservábamos el frío bogotano y mientras nos tomábamos un tinto sentados en una acera de El Palo, un joven típico de la región -moreno, de baja estatura y con unos bigoticos menudos- nos dijo que arriba estaban esperándonos. La orden era perentoria. "Arriba" es el monte; "arriba" significa guerrilla. Como los guerrilleros son la ley en las montañas y toca obedecer, como dijo nuestro guía, abandonamos el tinto y nos subimos en dos motos AKT 125 que nos llevaron cuesta "arriba".

El paisaje de la cordillera Central era un aliciente para la incertidumbre. Sus ondulaciones estaban bañadas con la última luz del atardecer, esa luz que se extiende como un manto dorado. El trayecto duró poco, unos veinte minutos. Estacionamos las motos en una casa que parecía haber sido desocupada especialmente para la reunión.  El joven que nos alertó en El Palo se dirigió hacia la parte trasera de la casa y volvió a aparecer un instante después dándonos la señal de que siguiéramos.

Bajo una enramada estaba un hombre grueso, vestido con una camiseta blanca y limpia y un bluyín. Sus ojos azules tenían esa mirada de quien ha perdido con las armas el sentido de la lástima y la compasión. No se presentó. No venía para ser entrevistado sino para interrogar.Después nos enteramos de que es jefe de milicia, un rango superior al de guerrillero raso.  Nos preguntó quiénes éramos, por qué veníamos, le dijimos que éramos periodistas y que queríamos ir a los cultivos de marihuana y conocer la gente que la siembra. Después de cada una de nuestras respuestas nos miraba a los ojos para confirmar si estábamos diciendo la verdad.

Después de varias preguntas, bajó la guardia. El interrogatorio se tornó en conversación. 

-Pobres campesinos -dijo-, ellos hacen lo que pueden. Nosotros no nos metemos con ellos ni ellos con nosotros.

Luego de una pausa continuó:
-A veces mediamos en las disputas, pero eso es porque el Estado dejó abandonada está región por mucho tiempo y nos tocó asumir la autoridad.

El interrogatorio fue corto, quizá un cuarto de hora. El hombre se quedó en la silla esperando el momento de nuestra partida.

Y ahora -24 horas después- nos iban a secuestrar.

El guía soltó una carcajada cuando vio nuestras caras. Aquí -nos dijo- no entra cualquiera, es tierra indígena y campesina, pero los guerrilleros vigilan todo y no les gustan los extraños.

-La gente tiene que obedecer. Ellos son los que representan la ley en las montañas. Continuamos la marcha por el lodazal, cruzamos la quebrada que oímos desde el inicio del camino y descubrimos, en medio de ese follaje espeso, dos mil plantas de marihuana tipo "corinto" o "corintiana" que alcanzaban los tres metros de altura.

En Colombia crecen diversos tipos de cannabis, los más conocidos son: Santa Marta Golden,  que se cultiva en los departamentos de Magdalena y Cesar desde la bonanza marimbera de los años setenta; y  "corinto",  que se produce en el Cauca. Se diferencian por el contenido de tetrahidrocannabinol -THC-, el compuesto psicoactivo que genera en los consumidores una sensación de placidez. Según Martín Sepúlveda, ingeniero químico de la Universidad Nacional, la marihuana que crece en el norte del país tiene un porcentaje de 1,0 a 1,5 de THC. Y la que se produce en el Cauca tiene 2,0%.

En la jerarquía marihuanera, la Santa Marta Golden y la "corinto" ocupan el último eslabón por debajo de 80 variedades más existentes en el mundo y que son conocidas como "cripi".  Estas variedades surgen de alteraciones en las semillas y solo crecen en invernaderos. Tienen mayor cantidad de THC, hasta 18%.

Bajo los inmensos matorrales de hierba "corintiana" aparece la figura de Carmen, la dueña de la quebrada, de los platanales y, por supuesto, de la marihuana. Ella saluda con ese respeto propio de los indígenas, sin tutear, bajando los ojos ante una mirada desconocida y con una sonrisa tímida. Carmen tiene cuarenta y un años, es morena, de pelo negro y ojos oscuros e ingenuos que contrastan con sus manos gruesas y envejecidas.

Hace tres años llegó un holandés a este mismo lugar.  Al ver sus plantas se cogió la cabeza y literalmente perdió la cordura. Se botó encima de las plantas, corrió en medio de ellas y se restregó sus hojas en los brazos, en el rostro y en las piernas. Carmen se ríe al recordar a ese hombre que parecía haber encontrado el Edén en su propia finca.

-Por poco y se embute las matas -recuerda.

Imito al holandés -en una escala bastante inferior-, y arrancó una hoja verde y lanceolada que me restriego en la mano para conservar el perfume de esta hoja prohibida y tan famosa como los avisos de Coca-Cola. Solo en Estados Unidos se calcula que hay 28,5 millones de personas que consumen o que han consumido marihuana.  La cifra global alcanza los 200 millones sin contar los que prefieren fumar callados.

-¿Usted ha fumado marihuana? -le pregunto.

La campesina suelta una risa inocente como la que suelta un niño al hablarle de cosas de adultos. En medio de esa risita contesta que "no", un "no" prolongado.  Los indígenas y campesinos saben cómo se siembran las semillas, saben cómo se seca, prensa y vende, pero no saben cómo se arma un "bareto",  y mucho menos conocen la sensación de una "traba". Los que fuman son los colonos.

Carmen viste una falda blanca sin adornos y una camisa rosada sin estampados. No tiene aretes ni cadenas, el pelo lo lleva recogido con la licra de una media velada. Dice que no posee carro ni moto, que lo único lujoso es su televisor que ni siquiera es de pantalla plana y un marido que la trata bien. Carmen se vuelve a reír.

Los maridos de esa parte del Cauca son fieles porque les toca.  Así como la guerrilla soluciona problemas de plata entre los cultivadores y los "traquetos", también se involucra en líos de faldas, no porque sean conservadores, sino para evitar espectáculos de arañazos y jalones de pelo entre las mujeres engañadas, o riñas a machete entre los hombres.

Luego de hablar de las bondades conyugales en esa zona, dice que si no fuera por la marihuana ya se habría ido con una pancarta de desplazada a Cali, y de paso correría el riesgo de perder a su marido.

-Si voy a vender mi plátano me toca pagar un transporte que me vale 20.000 pesos hastaSantander de Quilichao  (a dos horas de distancia), si logro vender cinco palos de plátano me dan 7.000 pesos, si no logro venderlos me toca botarlos.  Con la marihuana vienen los compradores, pagan chan con chan (de contado) y se van sin preguntar nada.

De cada planta se obtienen 350 gramos aproximadamente. Sumando las 2.000 plantas da un total de 700.000 gramos, que en libras significan 1.400, y en arrobas 56. En la región el precio actual por arroba es de 170.000 pesos. En un mes, cuando Carmen coseche, seque, desmoñe y venda, va a cobrar 9'520.000 pesos que son repartidos en partes iguales entre ella y su socio, otro campesino.

El tiempo que demora la hierba en germinar, crecer y "enmoñar" o florecer es de seis meses. Los 4'760.000 pesos que le corresponden de la mitad de la venta, es todo el dinero que tiene mientras sale otra cosecha: aproximadamente 793.000 pesos mensuales.  Para iniciar un nuevo cultivo tiene que devastar toda la tierra, comprar una libra de semilla que cuesta 10.000 pesos, e invertir un millón de pesos en insumos y en el sueldo de trestrabajadores que le ayudan a desprender los moños después de que las hojas ya están secas. Cada uno cobra 20.000 pesos por jornada de 12 horas y trabajan durante una semana.

 

DEFENDEMOS:

CULTURA, AUTODETERMINACIÓN, TERRITORIO E IDENTIDAD

 

Del Romanticismo a la Solidaridad, Bernardino GarcíaAbuelo Charrúa

Colabora en la Cuenta Abitab  2 17 60

 "Nuestro Norte es el Sur" Todos los Jueves 22.30 hs. Marquemos un Norte Radio

 

Compartir este post
Repost0

Comentarios