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Comunicadores Charrúas

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  • Profeso la Horizontalidad como nuestros ancestros Charrúas. Activista social desde el corazón.
Tengamos presente que todo ser con aletas, raíces, alas, patas o pies, es un Hermano
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Este artículo contiene dos videos

de la Campaña y la Totalidad del

contenido del Convenio 169 de la OIT

sobre pueblos indígenas y tribales.

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2 marzo 2011 3 02 /03 /marzo /2011 16:24

No desechar, sino habilitar diversidad, es el paradigma de enfoque para este self-service terráqueo inventariado, puesto en discurso e intervenido

http://www.kaosenlared.net/img2/169/169351_imagesCAV7ZDKE.jpgInvitación del Fórum a la Antropología y malestar entre antropólogos


Aunque contaron también con otras disciplinas científicas y otros saberes aplicados, el llamamiento que los organizadores del Fórum dirigieron a la Antropología fue específico y distinguido: quisieron tenerla de especialista, junto a economistas, a “voces autóctonas críticas”, a ecólogos y a “ingenieros del Desarrollo”, en el tratamiento de los grandes desafíos sociales ligados a la llamada “globalización”. Se esconde, tras esa abstracción terminológica, la parcelación de los procesos productivos cada vez más “racional”, esto es, una parcelación cada vez mejor ajustada al cometido de reproducir acrecentadamente el Capital, así como la colocación de cada tramo según la distribución y re-distribución más conveniente del Capital Fijo (máquinas, instalaciones, micro-tecnología...) a fin de contra-restar su sobre-producción y sobre-acumulación.

A su vez, la Antropología estuvo convidada a dar “rango de saber” a la ideología de la UNESCO1 y a su programa práctico, mediante cierta publicitación de su compromiso científico con el organismo, así como a intervenir con científica eficacia en la realización de premisas y proyectos. La modestia del papel destinado a la Antropología en esa red de cooperación interdisciplinaria, ocasionó malestar más o menos generalizado en “el mundillo” intelectual-antropológico reconocido, e incluso indignación en no pocos, consternados por tal denigración posicional cometida sobre quienes tienen la boca y la tinta secas de tanto “concienciar” respecto de su condición monopólica de “especialistas de la Cultura”. Esto sucedió a fortiori con “los desarrapados de la Cenicienta” –los antropólogos españoles-, invitados con cuentagotas al evento barcelonino, habiéndose decantado el comisariado del Fórum por especialistas “extranjeros”.

Dicho menoscabo de la Antropología perfiló una combinación curiosa de discursos adversos a cualquier participación antropológica, sin embargo impregnados de un marcado olor quejumbroso a tenor de haber sufrido exclusión en la preparación y la puesta en escena del Fórum; marginación que, oídas las críticas en su contenido manifiesto, no debería haber supuesto problema alguno.

Es cierto que una minoría rechazó ya de entrada tener algo que ver con un acontecimiento reducido a la categoría de “farsa” por ciertas formas de crítica: reducido a disfraz ideológico de “funciones latentes” ubicadas en el negocio, a escaparate político para hipnotizar con planteamientos no seriamente estimados mientras “el poder” avanzaba inadvertido por derroteros opuestos.

No obstante, la mayoría suscribió tal crítica pero haciéndola coexistir con otra. Se proyectaba esta última hacia el sesgo político con que el Fórum, a través de su planteamiento “teórico” mismo, habría conceptualizado “Cultura”, dejando a la audiencia la deducción de su corolario tácito: cuando la voluntad es de instrumentalizar la noción de “Cultura”, lo que comporta su falsificación hecha a medida, a sus falsificadores no les conviene más que entre-abrir por compromiso las puertas a sus estudiosos especialistas. De ahí una aparente “indiferencia” hacia los antropólogos, que mirada de cerca resulta ser algo más que eso. De nuevo, el esquema mentor del maniqueo combate metanarrativo: Verdad contra Ideología, Conocimiento (luz de la Ciencia) contra Poder. A imagen de este reparto apriorístico de personajes y competencias supuestos en relación de antagonía irreconciliable, tomaron forma las críticas, denunciantes de “la hipocresía”, “la coartada”, “la mera propaganda”, “el maquillaje de un orden social volcado en hacer la guerra para su autosostén”, “la máquina apisonadora de culturas que recita elogios a la diversidad a modo de encantamiento de masas”, “la especulación inmobiliaria”, “el urbanismo reestructurador para mejor someter la población de Barcelona a una <<nueva economía>> basada en exprimir ciudades-espectáculo y su poder de convocatoria al ocio”.

Identificaciones como ésas –ciertas- partieron de la detección de la incoherencia, de evidencia escandalosa, entre principios rectores manifiestos (la diversidad como “especie a proteger”, el reto pacifista de una alianza entre “civilizaciones”, la práctica del “diálogo intercultural”, la investigación y ejercicio de fórmulas para un “desarrollo sostenible”) y prácticas realesmantenidas por la infraestructura institucional y empresarial del evento (“caza” policial y deportación de personas migradas, a cargo del Ayuntamiento de Barcelona; actividades de algunas transnacionales entre las participantes, tales como La Caixa y Endesa, directamente implicadas en el genocidio de irakíes o en ahogar al pueblo mapuche bajo las aguas de una presa; etcéteras y etcéteras)2.

 


El Fórum más allá de encubrir negocios, de auto-propaganda social e institucional de las democracias imperialistas, y de instrumentalizar conceptos. Cultura de la Paz, Desarrollo Sostenible, Desarrollo Social y diálogo inter-cultural en la Fábrica-Tierra

Somos conscientes de las contradicciones intrínsecas a los eslóganes del Fórum. Estos, como cualquier conjunto de deseos y de suposiciones ideales, no dejan de estar sujetos a las limitaciones e imposibilitaciones que la estructuración capitalista de la realidad determina objetivamente. Las acotaciones, a la acción política y a las intervenciones coloristas “de transformación”, por la continuidad de la reproducción ampliada de Capital como principio racional que define la actividad productiva y su organización social, están realmente más allá de la aptitud ilimitada de las conciencias para edificar castillos en el aire respecto de cómo yen qué dirección hacer “progresar” o “cambiar” la realidad. Sin embargo, preferimos no hacer de nuestra crítica una argumentación extra de aquella que ha dominado, por cuantía de voces que la cultivaron en su momento y por amplificación mediática, y que se ocupó sobre todo en mostrar cuál era el auténtico reino de lo dicho, de lo programado, de las invitaciones a discutir, de las exhortaciones a la reparación filantrópica: reino de la mentira, o “un circo”, según la implacable calificación que al acto daría Manuel Delgado.

Estamos convencidos, por contra, de que establecer cuál fue el sentido del Fórum -es decir, des-cubrir qué fuerzas de lo real produjeron el acontecimiento- pasa mucho más profundamente por suscribirnos a una epistemología alternativa. Esta debe tomar las formulaciones del Fórum relativas a objetivos propios y a funciones asumidas, en calidad de expresiones que designan fielmente proyectos y objetivos verdaderos, y que hablan en torno a vías sinceramente asumidas para la implementación de esos proyectos y la consecución de esos fines.

En efecto, promocionar nuevas formas empresariales de uso energético, fórmulas de medición en la extracción de recursos, éticas de consumo, inclusiones de sensibilidad ecológica en las Agendas gubernamentales, ahorro de inversiones capitalistas en la fase del aprovisionamiento de materiales-input escasos, agotables o caros mediante la creación de un voluntariado reciclante, etc., que mantengan el Planeta al menos un ápice por encima de su línea de flotación, es hoy, más que un interés real capitalista, un Imperativo de mínimos, en un periodo de cambio climático que empieza a traslucir la amenaza ejercida por la Economía Política sobre las necesidades humanas ya al nivel básico de la subsistencia biológica de nuestra especie. Por su parte, consumar la utopía kantiana de la Paz Universal es el ideal normativo por excelencia de las relaciones internacionales como saber que guía un conjunto de prácticas diplomáticas y político-militares, debiendo –por parafrasear a Benjamin Constant-, sustituir el comercio a la guerra. Como decenas de grupos humanos no se conforman con contemplar resignados o pedigüeños un orden de cosas donde toman una parte miserable, los llamados “actores internacionales” coinciden en la evidencia de que la “Cultura de la Paz” y sus bondades no es cosa que todas las gentes abracen espontáneamente y por pura tendencia a la Virtud. Se precisa, pues, ser aguerrido en el evangelio de la Paz, combatiendo la violencia hasta extinguirla a bombazos y generar así terreno llano para el aterrizaje fabril y el tránsito de mercancías.

Cierto sector del campo burgués, mezcla de temperamento crítico y de optimismo, se despierta moralmente espantado por tales formas tradicionales de pacificación, o simplemente advierte el peligro de que acaben por resolverse en espirales contraproducentes que arrastren a todos sin remedio muy lejos de la Paz. Propone, en su lugar, una Cultura de la Paz auténtica, que concilie sus medios con la finalidad, y cuyo puerto de máximos sea “el Diálogo entre civilizaciones”, mientras combina esa dinámica con pasos dados hacia otras direcciones, como Afganistán o Haití, campos para la aplicación de métodos de pacificación más clásicos y concordantes con el paradigma que aún domina. El Fórum querrá ser un Banco de ideas en pro de generar condiciones para esa pasteurización de las poblaciones en la no-violencia que la “Cultura de la Paz” expresa. El planteamiento intencional –sincero, veraz- mantenido por el Fórum –ya desde sus textos mismos de autopresentación- fue el de deshacer argumentalmente lo que pudiera quedar en pie de la tradicional ecuación “guerra por la Paz”, en clara sintonía con la ideología gandhista de la paz como el camino para sí misma, apuesta que demandaba hacer hincapié en la intervención a base de dispositivos moralizadores y de integración eficiente en la Fábrica-Tierra como “la educación de los Pueblos para la Paz” y “el Desarrollo Social”.

Toda esta distribución de roles, que hacía de “Occidente” la “Casa de la Paz” –una especie terreno patrio de la Paz, que “naturalmente” daba el primer paso organizado hacia su consecución mundial mediante la llamada al diálogo y el estudio racional de sus condiciones permisivas-, era una presentación situativa de fácil calado en las audiencias, pues no hacía más que traducir cierto pensamiento hipervulgar altamente compartido: la guerra tendría que ver sobre todo con “el talante” cultural. El hecho de que “la Cultura de la guerra” persista dominante sobre las idiosincrasias de tantos “Pueblos” respondería a un déficit en la difusión de “valores democráticos”, “Derechos Humanos”, hábito de consenso y tolerancias varias; en definitiva, hay mucho bárbaro todavía con tendencia a hacer la guerra. Pero tampoco podría esperarse que esas culturas otras dejen de ser “de la guerra” mientras persistan ciertas condiciones sociales “de injusticia” en que hallan su alimento y su coartada. Esta imagen define las auto-atribuciones tácitas que se hizo el Fórum para la cuestión: a aquellas zonas lejanas, que paren “terroristas”, “fanatismo” y “enfrentamientos fraticidas”, el “Occidente” les tiende a pesar de todo la mano ejerciendo de esa “Civilización de la Razón” que es, y las llama a compartir con él la Cultura de la Paz. Además, no es solamente comprensivo; también salvador: sensible para comprender las circunstancias desesperantes detrás de las tendencias a guerrear, no cae en el idealismo de depositar toda la carga del éxito en la definición intercultural de valores y en el diálogo, sino que se propone tanto acabar con “circunstancias extremas” originarias de “reacciones extremas”, como romper la impermeabilidad entre esas poblaciones y la política institucional, esperanzándolas en ser escuchadas y atendidas desde sus propios gobiernos regenerados o al menos desde un “Occidente” padrino de organismos internacionales eficaces.

Así pues, el Fórum acogió la postulación de proyectos a cooperar y enmarcó la exposición de iniciativas inversionistas para el Desarrollo que unos actores se hacían a otros en práctica de tanto comunicarse “entre culturas”. Y precisamente de la mano de este proyecto que suspira por un mundo unido al que compondrían partes económico-culturales armónicamente interconectadas, el Fórum se define honesto adalid de “la diversidad cultural”, trazando un compromiso que no es en modo alguno pantomima. Procurar que los grupos humanos intervenidos para ser insertados en la División Internacional del Trabajo, conserven y apliquen su sistema punitivo “tradicional”, hagan uso de sus modos de resolver conflictos, aporten caracteres “étnicos” a las ideologías “de identidad nacional” difundidas por “sus” Estados y que favorecen la paz social o al menos congenian las luchas con el mantenimiento del orden productivo; favorecer la dualización de sus economías y el mantenimiento de cultivos paralelos en lugar de restringir a estas poblaciones exclusivamente a monocultivos que no garantizan la subsistencia ni por tanto una FT en condiciones productivas; impedir el desmembramiento completo de formas “tradicionales” de agregación humana –como la concentración física del parentesco o su protagonismo relacional- que son la base para el ejercicio de solidaridades cuya pérdida desestructura las nuevas conexiones entre poblaciones y trabajos que el entramado político-empresarial del Desarrollo está anudando; inhibir, tras la cortina del orgullo cultural identitario, la toma de consciencia de estas poblaciones respecto de las condiciones de existencia que se les están imponiendo, desde “el exterior” y desde sectores privilegiados “interiores” al propio grupo humano; etc.

Todo esto integra realmente el nuevo know-how del Modo de Producción y el tendido organizacional que trabaja para su re-equilibrio, lógica del capitalismo sintetizada magníficamente por aquel anuncio de una crema dérmica cuyos carteles asomaban por Barcelona hace menos de un año: mujeres de formas dispares, en fotografía única, altas, bajas, rectas, blancas, pecosas, redondas, fornidas, negras, asiáticas, atléticas, tersas, esqueléticas, quienes consiguen su propio desarrollo estético respectivo, mientras se mantengan fieles compradoras del producto. El Modo de Producción en su etapa actual de Desarrollo necesita luchar con todas sus fuerzas para hacer frente a su propia dinámica objetiva que lleva a “lo social” hacia la homogeneización. Su extraordinaria diversidad de mercancías-espectáculos no cabe más que en perfiles “culturales” y en habitus sociales igualmente diversos. Es más: la oferta misma se hace diversa pivotando alrededor de esa heterogeneidad humana y sólo así puede marchar a su encuentro; metamorfoseándose en las formas socioculturales-objeto. Introduciendo la sumamente exacta terminología de Vicente Verdú3, podríamos decir que el Capital no pretende en estos tiempos homogeneizar la diversidad –que pueda evitar esa esencia suya es ya harina de otro costal-; lo que hace eshomologar: produciéndole gustos, prioridades de gasto, identificación con variantes del producto diseñadas para adaptarse a ella, capacita a una y otra diferencia para ser tan sector de mercado como puedan serlo las demás. Son diferencias, y homólogas; cada una con su valor de cambio con arreglo a mercancías distintas, e indistintas en su condición misma de valor de cambio4.

Afirmamos que, frente a sectores internacionales de la política, de la Administración especializada, de las finanzas, del Desarrollo, militares, de la proyección científica de policiese intervención sobre las ciudadanías, etc., sectores que podríamos denominar “atrasados”, pues viven inmersos en un desajuste perceptivo pasado-presente, inconscientes de qué es “vital” para la salud y la tranquilidad de la organización social en el actual periodo de acumulación de Capital, y que obvian cuestiones como “la interculturalidad”, “la Cultura de la Paz”, “el etno-Desarrollo” y “la protección del medio-ambiente” o si las invocan es como mera palabrería-imagen, el Fórum fue esencialmente la criatura de una lógica de vanguardia qué sí se toma todo esto muy en serio.

Para aclarar el planteamiento utilizando el genial esquema conceptual innovado por el eminente sociólogo estructural-funcionalista Robert Merton, reducir las relaciones entre las funciones manifiestas (aquéllas reconocidas) y las funciones latentes (aquéllas no reconocidas o ni siquiera conocidas) del Fórum al rango de la antagonía, de la contradicción, del encubrimiento… -en lugar de atender sus concordancias, cómo se complementan, cómo las funciones manifiestas son la invitación a que los actores se impliquen en la realización de las latentes…-, es un análisis que nos sirve de poco. Es más: un análisis así, más allá de intenciones subjetivas por combatirlo, es objetivamente funcional al Fórum (a cierto nivel) y a las fuerzas que posibilitaron su realidad y que le dan sentido.

Primero, porque la flecha penetra en la periferia de la diana: se autopresentan como crítica del Fórum denuncias proyectadas fundamentalmente contra aquello que se hace en nombre y al abrigo del Fórum, sugiriendo que más allá de tales transacciones, recalificaciones de terrenos, cooperación armamentística “intercultural” contra revueltas y guerrillas, golpes de homogeneización al mundo, inversiones y actuaciones contra unos u otros sectores de la población, el Fórum es vacío, o tan sólo “discurso”. Ese es el modo de abordamiento perfecto para que el Fórum en su núcleo de sentido quede intacto, pues su existencia misma no “ideológica” es negada.

La segunda funcionalidad que presentan estos análisis opositores entre Verdad e Ideología tiene que ver con alimentar una conciencia crítica en torno a negligencias, incumplimientos, laxitudes, desentendimientos, vistas gordas, que ciertamente impregnan el comportamiento de instituciones y grupos para el Desarrollo, la Sostenibilidad o la pacificación/desarme de las poblaciones.


 

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