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Comunicadores Charrúas

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  • Profeso la Horizontalidad como nuestros ancestros Charrúas. Activista social desde el corazón.
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sobre pueblos indígenas y tribales.

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22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 19:45


http://www.surysur.net/sites/default/files/Bodes-libro1.jpgEl oficio del periodismo es peligroso por cuanto los periodistas suelen dejar el pellejo (ya en pos de una información, ya porque se convierten en "daño colateral" consumado, ya porque se los bales a la salida del trabajo o cuando llegan a su casa); hay otros riesgos, menores que perder la vida, pero presentes y constantes: quedar sin trabajo e en "listas negras". O excribir o decir algo inconveniente para la "libertad de prensa" medida desde la empresa.

 

El despido de la periodista mexicana Carmen Aristegui como conductora del noticiario estrella de la cadena de radio MVS (FM 102.5 en el DF de México) por presiones del gobierno de Felipe Calderón revela que los grandes medios y los gobiernos de América Latina castigan a los periodistas que se salen del libreto, tal como ocurre en países desarrollados como Estados Unidos y el Reino Unido. Al fin de cuenta, los gobiernos otorgan a los empresarios la concesión para explotar ondas de radio y televisión como ese lucrativo negocio propio llamado libertad de expresión.

http://www.surysur.net/sites/default/files/CAristide-b.gifAristegui logró su reincorporación al trabajo a partir del lunes 21, victoria que no consiguieron Los chicos malos en la guerra de Iraq[1], según el libro del corresponsal cubano José Bodes Gómez, un texto que todo periodista debería conocer. También debería leerlo cualquier ciudadano del mundo interesado en conocer mejor cómo el poder viola su derecho a la información veraz y oportuna.


Cinco historias

 

Centrado en la cobertura periodística de la invasión de Estados Unidos a Iraq, el libro de Bodes Gómez describe cuatro casos en que los responsables de ciertos grandes medios y algunos corresponsales internacionales decidieron mostrar independencia de los centros mundiales del poder en Washington y Londres, simplemente contando la verdad, a despecho de las presiones gubernamentales y corporativas. El resultado fue atroz, pues esos cuatro esfuerzos por hacer periodismo libre en Estados Unidos y el Reino Unido derivaron en retractaciones, peticiones de disculpas y el implacable castigo del despido.

Así, los “malos” no fueron los “chicos de la prensa” y unos pocos jefes “díscolos” de grandes medios, sino quienes usufructúan las alturas del poder. La lectura de este libro —por lo demás tan ameno como una novela— concita hondas reflexiones sobre el verdadero rol del periodista en los tiempos en que vivimos.

Las cuatro historias relatan:
1°) el conflicto de más de un año entre la BBC de Londres y el ex primer ministro Tony Blair por cuestionar las invenciones de los informes de inteligencia sobre la amenaza a Londres de un ataque con armas químicas y biológicas de Sadam Hussein “en 45 minutos” que justificaron la participación de Gran Bretaña en la invasión;

2°) los entretelones del despido de la cadena NBC del famoso corresponsal de guerra Peter Arnett por haberse dejado entrevistar como experto en guerras por la televisión iraquí;

3°) la inmolación del vicepresidente de la cadena CNN Edson Jordan por haber dicho en el foro de Davos 2005 que los tanques estadounidenses convirtieron en blancos de su guerra —el 8 de abril de 2003— a los periodistas que se hospedaban en el Hotel Palestina de Bagdad, y

4°) las torturas y malos tratos en la prisión de Guantánamo revelados por los periodistas Michel Isikoff y John Barry en la revista Newsweek, del grupo The Washington Post.

Estas cuatro historias se conocieron poco o nada en América Latina. La quinta historia alude el caso de la mexicana Aristegui.

BBC y Blair

El 22 de mayo de 2003 el periodista Andrew Guilligan, del programa Today de Radio 4 de la BBC, reveló que “una fuente de inteligencia” estimó exagerada la capacidad ofensiva atribuida por Tony Blair al Iraq de Sadam Hussein en su informe al Parlamento del 24 de septiembre de 2002. Entonces Blair aseguró que Hussein estaba en capacidad de lanzar un ataque mortífero sobre Londres en 45 minutos. Por lo tanto, el Reino Unido debía secundar a George Bush en su proyecto de guerra.

Un segundo informe sobre las supuestas armas de destrucción masiva en poder de Hussein fue divulgado por el gobierno de Blair el 2 de febrero de 2003, pero a los pocos días tuvo que reconocer que parte del texto fue pirateado de una tesis doctoral de 10 años atrás. La invasión a Iraq comenzó el 20 de marzo de 2003, pero la piedra contra la falsedad de los 45 minutos lanzada por la BBC quedó fastidiando los zapatos de Blair. Hubo repercusiones mediáticas, debates parlamentarios y cuestionamientos ciudadanos.

La participación del Reino Unido en la aventura guerrera nunca entusiasmó a la opinión pública británica. El ex canciller Robin Cook, quien renunció antes al cargo por su desacuerdo con la guerra, exigió una investigación independiente. La cuestión desató un avispero político y mediático.

Guilligan cubría las noticias del Ministerio de Defensa, pero siempre invocó “una fuente de inteligencia” (del Servicio de Inteligencia Secreto [SIS], más conocido como MI6) para despistar, alejar sospechas y proteger a su informante, que efectivamente era un funcionario de esa cartera, el experto David Kelly, quien visitó varias veces Iraq con los inspectores de la ONU. El periodista aportó más datos e identificó al jefe de prensa de Blair, Alastair Campbell, como el autor intelectual del informe atemorizador y de la teoría de los 45 minutos, pero jamás reveló su fuente.

La BBC cerró filas en defensa de su libertad para informar a los ciudadanos británicos. Campbell y Blair querían claramente propaganda de guerra en vez de información, pidieron desmentidos y exigieron peticiones de disculpas. La paradoja es que la BBC es una corporación pública cuyo presidente –entonces el banquero Gavyn Davies— era tan cercano políticamente al primer ministro Blair, como para que éste lo instalara en el cargo en septiembre de 2001 con el visto bueno reglamentario de la reina Isabel II.

La situación dio un giro inesperado el 30 de junio de 2003 cuando el propio David Kelly le confesó a su jefe del ministerio de Defensa que él mismo era la fuente. El 8 de julio el ministro de Defensa Geoff Hoon ordenó entregar su identidad a la prensa como la fuente de la BBC. La presión sobre el estresado experto fue enorme. El 17 de julio salió de su casa a dar un paseo y no regresó jamás. Al día siguiente la policía encontró su cadáver en el bosque donde solía caminar y reflexionar.

La familia dudó de la versión oficial de suicidio por corte de las venas de la muñeca porque en el lugar del hallazgo del cuerpo no había demasiada sangre, según expertos. Su viuda dijo después que fue traicionado por sus superiores porque le aseguraron que su nombre nunca saldría en los medios. Hubo una investigación judicial de su muerte a cargo del juez Lord James Brian Edward Hutton, el mismo que en 1999 consideró extraditable a España al ex dictador Augusto Pinochet, donde era reclamado por el juez Baltasar Garzón para encausarlo por delitos de lesa humanidad. 
(Pinochet terminó siendo rescatado de Londres por un arreglo político entre los gobiernos socialdemócratas del chileno Ricardo Lagos y Tony Blair).

Los detalles más recónditos de este escándalo BBC vs Blair ocupa gran parte del libro de José Bodes. El epílogo fue que el 28 de enero de 2004 el juez Hutton emitió un fallo que exculpó al gobierno de Blair de cualquier responsabilidad en la muerte de Kelly… y censuró a la BBC por la forma en que manejó la noticia. El presidente de la BBC renunció al día siguiente y lo primero que hizo el sucesor –Richard Ryder— fue pedir disculpas por los errores en que habría incurrido la emisora.

Empero, el 4 de febrero Tony Blair admitió ante el Parlamento que cuando dijo que Iraq estaba en capacidad de atacar a Inglaterra en 45 minutos con armas químicas y biológicas no sabía que los datos de inteligencia se referían a armas convencionales de corto alcance. Blair salió del cargo en 2007 con el estigma de haber conducido al Reino Unido a una guerra concebida por Bush, como comparsa de Estados Unidos.

Peter Arnett pierde su empleo

Por una entrevista de unos pocos minutos, el legendario corresponsal neozelandés-estadounidense Peter Greg Arnett cayó en desgracia ante el poder industrial-militar, político y los grandes medios de Estados Unidos. Pero no fue por una entrevista hecha por él, sino por la cortesía de dejarse entrevistar por sus colegas de la televisión de Iraq en 2003, mientras cubría la invasión para la cadena NBC y National Geographic.

Nacido en Nueva Zelandia en 1934, Arnett cubrió la guerra de Vietnam para Associated Press desde 1962 hasta la derrota de Estados Unidos en 1975. Ganó el Pulitzer en 1966 y trabajó 18 años para CNN, cuando su dueño era Ted Turner. En 1991 revolucionó el periodismo al cubrir en vivo y directo la Guerra del Golfo transmitiendo desde Bagdad con una pequeña parabólica, junto a Bernard Shaw, mientras los bombardeos de Estados Unidos habían ahuyentado de Iraq a los periodistas extranjeros.

Entre otros golpes periodísticos “visitó al enemigo” —Vietnam del Norte—, entrevistó prisioneros de Estados Unidos, fue testigo de matanzas de civiles en Vietnam del Sur y en 1998 sacó a la luz el uso militar del gas sarín en el vecino Laos en 1970, en la Operación Tailwind descrita en un documental de CNN y un reportaje en revista Time. También cubrió la invasión soviética de Afganistán iniciada a fines de los ’70. Durante la guerra del Golfo afirmó que Estados Unidos bombardeó una planta de leche para bebés que presentó como blanco militar. Las presiones del complejo militar industrial y del gobierno, que pedían desmentidos y “disculpas” por el trabajo de Arnett en CNN, terminaron alejándolo de la cadena hacia 2001.

Arnett regresó a Bagdad en febrero de 2003 para realizar coberturas y un documental sobre la inminente invasión para NBC, MSNBC y National Geographic. El 17 de marzo Bush ordenó que salieran de Iraq todos los periodistas y otros norteamericanos. Los grandes medios, incluida NBC, retiraron a su personal fijo de Iraq y después muchos se "incrustaron" en las fuerzas invasoras, más en tareas de propaganda de guerra que de información periodística. La guerra, que comenzó el 20 de marzo, iba a ser rápida y según Bush sería “un paseo” de no más de una semana.

Peter Arnett se quedó en Bagdad para presenciar los ataques, tal como lo hizo en la guerra del Golfo de 1991. El 31 de marzo, al cubrir una rueda de prensa del gobierno iraquí, aceptó comentar la marcha de la guerra en una breve entrevista con la TV de Iraq que causó escozor en Estados Unidos:

"Ahora Estados Unidos está revaluando el campo de batalla, retrasando la guerra contra Iraq, quizá por una semana y reescribiendo el plan de guerra”, observó Arnett. “El primer plan ha fallado debido a la resistencia iraquí. Ahora están intentando escribir otro plan… Así, nuestros informes sobre víctimas civiles aquí, acerca de la resistencia de las fuerzas iraquíes, están fluyendo a Estados Unidos. Ayuda a quienes se oponen a la guerra, cuando alguien desafía la política desarrollando estas discusiones”.

http://www.surysur.net/sites/default/files/img_thumbnails/15860_8996.jpegArnett repitió lo mismo que observaban otros corresponsales. La guerra no parecía tan breve como lo anunciara Bush. Pero sus comentarios encendieron una “tormenta de protestas” entre los belicistas de Estados Unidos. Inicialmente, la NBC lo defendió diciendo que había otorgado la entrevista como cortesía profesional a sus colegas iraquíes y que sus observaciones eran “de naturaleza analítica”. Empero, un día después NBC, MSNBC y National Geographic rompieron relaciones con el corresponsal. Dijeron que “era incorrecto que el Sr. Arnett concediera una entrevista a la TV iraquí controlada por el Estado, especialmente en tiempo de guerra, e incorrecto que emitiera sus observaciones y opiniones personales”.

Desde entonces, Arnett ha sido excluido de las grandes cadenas de Estados Unidos. 

(Próximamente la segunda entrega de este artículo).


[1] Los chicos malos de la guerra de Iraq, José Bodes Gómez, Editorial Prensa Latina, 2008, 200 pp.


Ernesto Carmona, Periodista y escritor.

Fuente: SurySur

 

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